8. El cristal de sueños

J. Paulorena

El frío húmedo del Atlántico calaba hasta los huesos. La noche estaba despejada y las estrellas brillaban en alineaciones extrañas. Las olas chocaban contra la proa y dejaban espuma en cubierta.

Mery había terminado por acostumbrarse al ruido de máquinas y ahora sólo escuchaba el batir de un mar que nunca está calmado.

Los marineros de guardia faenaban a su alrededor ajustando cabos y haciendo mil pequeñas tareas que suponían el buen funcionamiento del navío y, por tanto, de su supervivencia en el trayecto por aquellas indómitas aguas.

Decidida a buscar algo de soledad, Mery se dirigió a estribor agarrándose a la barandilla y teniendo cuidado por dónde pisaba.

Al fondo, oculta por el manto de la noche, reconoció la figura de su hija. Hablaba con alguien, una silueta poco definida.

Según se acercaba, distinguió más sombras, y las voces llegaron incomprensibles a sus oídos pues el sonido que escuchó no provenía de garganta humana. Era un lenguaje que más parecía eructado que hablado.

Una ráfaga de aire llevó hasta la mujer el fuerte olor a bestias marinas, a profundidades oceánicas, a secretos abisales.

Con otro paso, las formas tomaron definición y vio que su hija estaba rodeada por criaturas anfibias, desnudas, sus pieles escamadas recubiertas de légamo, sus rostros alargados y mandíbulas afiladas como las de un tiburón en boca humana.

El corazón de Mery latió descontrolado por el miedo, pero se contuvo. Ninguna actitud hostil se mostraba hacia la muchacha y un grito inoportuno haría reaccionar mal a aquellas criaturas.

Elisabeth no necesitaba de su intervención.

La madre se pegó a la pared del puente. Todo en ella le gritaba que bajara corriendo a su camarote para coger el mosquete, pero no quería dejar sola ni un minuto a su hija estando rodeada de aquellos seres.

Empuñó el cuchillo que escondía bajo la falda, dispuesta a saltar contra aquellos monstruos en cuanto notara que su hija estaba en peligro.

Pero Elisabeth estaba segura de sí misma, hablaba con confianza un idioma que forzaba sus cuerdas vocales.

Los abismales estaban inquietos, movían a espasmos sus cabezas vigilando el transporte humano. Uno de ellos, viejo y cubierto de cicatrices, con una tiara de oro sobre su deforme cabeza, le señaló el libro.

Mery temió que quisiera apropiárselo, no lo permitiría. Su marido había muerto por culpa de ese manuscrito que estaba cambiando a su hija. Era un objeto tan poderoso como peligroso. No permitiría que cayera en manos de monstruos como aquellos.

Elisabeth asintió al requerimiento del ser y abrió el grimorio buscando una página. Al encontrarla, le tendió el libro al abismal. La criatura retrocedió un paso y los otros profundos se pusieron alerta, parecían ser conscientes de lo que era el Necronomicón y les ponía tan nerviosos que no querían ni tocarlo. Tras unos segundos la vieja criatura dijo algo, la muchacha asintió y leyó.

La voz de Elisabeth se elevó por encima del viento, capeó las olas y se hundió como un ancla en las profundidades del mar.

Tras leer aquellos párrafos en lenguaje gutural, los profundos desaparecieron saltando por la borda. El viejo alargó su zarpa y Mery dio un paso adelante temiendo por su hija. El profundo ignoró a la mujer, su olor le había llegado mucho antes de que ella siquiera les viera, entregó algo a la muchacha y regresó al océano.

El objeto apenas pesaba en la mano de Elisabeth. Era cálido y alargado, sus formas pulidas en hexagonal, de color más lechoso que el cuarzo y mayor transparencia. Tenía base cristalina pero, cuando la luna se filtraba a su través, dejaba entrever reflejos metálicos que parecían colorear el satélite en un nimbo de ensueño.

—Es un cristal de sueños, mamá.

La mujer, preocupada, ignoraba la importancia de aquel mineral onírico.

—¿Qué eran esas criaturas?

La muchacha miró al oscuro océano.

—Espero que aliados porque si hacemos de ellos nuestros enemigos, no sobreviviremos a la guerra.

—¿Qué guerra?

Un suspiro fue su única respuesta.

Gracias por comentar.

6 Responses to “8. El cristal de sueños”

  1. Harkonen 4 mayo 2020 at 20:46 Permalink

    Pues tal como se a descrito el objeto, pensé que era algún tipo cuchillo de esos que afectan a los monstruos….. pero lo descrito esta interesante a ver por donde van los tiros a partir de ahora……

    • Harkonen 4 mayo 2020 at 20:47 Permalink

      Posdata: no había leído el titulo del capitulo…………… 🙂

      • J. Paulorena 4 mayo 2020 at 22:10 Permalink

        En este libro los nombres son importantes… Incluidos los títulos 😉

    • J. Paulorena 5 mayo 2020 at 12:06 Permalink

      El cristal de sueños aparece en Las cosas son diferentes en Arkham, es un objeto de mineral onírico que permite acceder a la dimensión conocida como la Tierra de los Sueños.
      No es un crys fremen 🙂

  2. Nimthor 6 mayo 2020 at 19:54 Permalink

    Interesante giro

    • J. Paulorena 8 mayo 2020 at 11:02 Permalink

      Gracias, Nimthor. A ver dónde conduce, a un sueño o a una pesadilla.

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