32. Puedo verte.

J. Paulorena

Observaba desde la distancia el trajín de abajo. Las faldas de la montaña estaban vestidas con un robledal y la luz nocturna caía sobre los muertos disfrazándolos como tocones inmóviles.

Arkham había salvado el primer escollo, el encuentro entre razas. Los gules tenían una relación estrecha con la humanidad, llevaban siglos conviviendo aunque estaban mitificados y se les suponía monstruos del folclore. Los profundos eran diferentes; aunque también habitaban en la Tierra, su propia naturaleza acuática sólo era el principio de las diferencias, siendo la última y más pronunciada el propio concepto de sociedad. Los abismales podían establecer contacto directo con su dios, el Emisario era su avatar hecho carne y nadaba junto a ellos.

Después de que la Dama Espectral intercediera por Arkham, una hueste de profundos se había quedado dentro de las olas como boyas vigilantes. Los gules no habían regresado todavía y los humanos estaban nerviosos por aquella presencia, puesto que la sentían como una amenaza.

Tres días después los profundos no parecían haberse movido del sitio, por lo que el doctor Halsey, junto a otros cinco hombres, habían acudido a la playa con cestas de fruta y las habían depositado sobre las aguas. Al día siguiente, un profundo con tiara llegaba acompañado de cinco de los suyos y dejaban en el centro de la plaza una red cargada de pesca. Se establecía así las primeras relaciones comerciales.

El doctor Halsey sabía que Arkham necesitaba ahora de un líder carismático y con un potencial del que él carecía, pero todavía tardarían más de una década en encontrarle y, mientras tanto, la colonia se asentaba para recibir al que llamarían Gran Soñador.

Pero entonces sólo había pasado un mes y les seguía vigilando. Sus intenciones parecían ser la exploración y el conocimiento, aunque sabía que guardaban secretos, igual que ella. No podía perder más tiempo, era hora de regresar a Necrópolis. Sentía que los muertos empezaban a olvidar sus nombres, la Llama Eterna necesitaba de su aliento.

—Parece que lo has conseguido.

La Dama Espectral no giró la cabeza.

—Ahora tienen una oportunidad, pero depende de ellos.

—¿Te importa?

Ambas sabían que se estaba refiriendo al doctor Halsey.

—No puedo permitir que las emociones me afecten el juicio, mamá.

—Y sin embargo…

Lisbeth suspiró.

—Y sin embargo me afectan.

—Siempre he podido verte, querida. Incluso aquí puedo verte.

La Dama Espectral miró a su madre. Mery sonreía.

—Lo sabes.

—Sí —le respondió a su hija—. Va a ser otro niño.

—Veo su nombre en el recuerdo de papá. Él recibirá mi herencia y yo moriré.

—Completarás tu destino.

—Seré libre.

Gracias por comentar.

7 Responses to “32. Puedo verte.”

  1. Santi sardon 2 junio 2020 at 21:34 Permalink

    Muy guapo. Empieza a bosquejarse las tierras de los sueños

    • Harkonen 2 junio 2020 at 21:38 Permalink

      Pues si la verdad se va creando el mapa de (Vidland) como lo llamaban los Vikingos…….

    • J. Paulorena 2 junio 2020 at 22:16 Permalink

      Parece que Arkham se asienta.

  2. Harkonen 2 junio 2020 at 21:37 Permalink

    Bueno establecemos relaciones cordiales vía pulpo….. pero donde están mis doblones de oro estos Profundos son unos tacaños…….

    • J. Paulorena 2 junio 2020 at 22:18 Permalink

      Se lo gastan en tiaras y en sus amiguetes de Innsmouth

      • Harkonen 2 junio 2020 at 23:51 Permalink

        Menudo vicio que tienen los jodidos se lo gastan en (Cigalas y quisquillas)

      • Nimthor 3 junio 2020 at 21:44 Permalink

        Muy bien. Distinto

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