10. Las Cinco Esquinas

J. Paulorena

Five Points era un pantano. Antes aquí había un lago, pero la contaminación fue tan brutal que se rellenó con tierra y los hacendados burgueses abandonaron esta zona de Manhattan, llevándose con ellos sus fábricas pero dejando en su lugar chabolas y edificios ruinosos que arrendaban a los inmigrantes más desesperados, un crisol de nativos, judíos, irlandeses, alemanes y africanos. Aunque en los últimos tiempos había que sumar italianos y chinos a un barrio que ya no podía contener tanta desesperación y miseria.

En aquellas calles el fango podía llegar hasta la rodilla y, con la llegada del calor, la peste bajo las suelas se cocía volviendo el aire insalubre. Las personas convivían con gallinas, perros y cerdos, con mosquitos transmitiendo enfermedades y con ratas plagadas de pulgas, con tuberculosis, paludismo y tos ferina.

Las prostitutas paseaban entre puestos callejeros o llamaban a gritos a sus clientes asomadas desde sus hacinadas habitaciones. Las casuchas de madera y moho creaban callejuelas donde la vida peligraba cada vez que se cruzaba la esquina, siendo frecuentes las peleas, los robos y las violaciones.

La policía metropolitana, al igual que la municipal, estaba formada por voluntarios contratados por lobbies y políticos corruptos, y sólo aparecían en aquel pozo de degradación para escoltar a aquellos ricos que pagaban por adentrarse en Five Points para vivir una aventura excitante que contar en su veladas.

Los judíos eran un grupo muy cerrado, se reunían alrededor de un rabino que tanto podía ofrecer sabiduría como un buen precio por la compra y venta de joyas cuyo origen a nadie importaba.

Los alemanes eran adustos y desconfiados, solían vestir con trajes grises o negros y estaban a la zaga de empresarios a los que ofrecer las mejores máquinas, ya fueran de vapor o humanas.

Los negros siempre estaban apiñados por ser objetivo de los frecuentes ataques racistas de las demás etnias, se les escuchaba tocar música con instrumentos ancestrales y sus voces profundas cantaban a la madre África o entonaban oraciones animistas, a veces canto y rezo confluían en una única melodía.

Los italianos se reunían en su esquina, vendían alimento y cualquier otra cosa que se pudiera adquirir con dinero o por la fuerza, se estaban preparando para fundar la mafia.

Los chinos sufrían también de un exagerado racismo por parte del resto, por lo que su comunidad incluso era más cerrada que la judía, aunque sus fumaderos de opio estaban abiertos para cualquiera que pagase por huir a un paraíso decadente.

Y luego estaban los irlandeses.

Gracias por comentar.

7 Responses to “10. Las Cinco Esquinas”

  1. Nimthor 6 mayo 2020 at 18:21 Permalink

    Buena descripción. Quiero más descripciones de grupos, por favor!

    • J. Paulorena 6 mayo 2020 at 21:15 Permalink

      Mañana una muestra de uno de esos grupos

    • Harkonen 6 mayo 2020 at 21:23 Permalink

      Ahora solo queda el ponerlas tras unas pantallas………. y al lió……… 😉

  2. Harkonen 6 mayo 2020 at 21:21 Permalink

    “Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro Perritos de Tindalos que me la guardan……..” La verdad que el grimorio le esta dando mucho de sí a Elizabeth desde saber idiomas inaudibles e impronunciables….. hasta conseguir nuevos posibles aliados……..

  3. J. Paulorena 6 mayo 2020 at 21:31 Permalink

    Siempre son bienvenidas las tiradas de dados, Harkonen.
    El Necronomicón es el grimorio de los grimorios, y más el que tiene ella por ser el original. Aunque no a todo el mundo afecta de la misma manera.

    • Harkonen 6 mayo 2020 at 21:48 Permalink

      Lo daba por sentado……….. unos se vuelven locos mas antes que otros……. y otros dejan entrar la oscuridad a sus cuerpos…………………..

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