TE PROPONGO UN JUEGO

J. Paulorena

utopia

La semana pasada aproveché la reseña de El Rincón del Devorador para hablar de la empatía como capacidad humana y herramienta útil para un escritor. La empatía sirve para mirar a través de los ojos del otro y entender qué le motiva y por qué actúa de una manera determinada, entender lo diferente en su adecuado contexto como es la cultura, la religión, la época en la que vive…

También expliqué que, desde mi punto de vista, un escritor debería saber qué mensaje pretende transmitir, ya que esto cimentará el trasfondo de la obra. El mensaje es mutable, se puede presentar al lector de forma clara o sutil, puede ser conciso para que la idea quede explícita o bien ser ambiguo y permitir múltiples lecturas.

Admití que mi intención con Paciente 101 había sido un ejercicio de empatía, trasladar al lector a una sociedad diferente y con un pasado concreto que, poco a poco, revelara su evolución histórica. Y por otro lado también otorgar a los protagonistas de cierta empatía hacia nuestra forma de entender el mundo.

Es en ese punto de encuentro cuando afirmamos que Paciente 101 no es una utopía, y manifestamos que el ser humano no es únicamente un animal necesitado de alimento, refugio y confort. La necesidad de supervivencia de la especie obliga a un Gobierno plenipotenciario a transformar la cultura social de todo un planeta como cuna demográfica de la Humanidad. El fin de este Gobierno es sobrevivir en un Cosmos hostil, y los métodos empleados para la represión emocional conllevan beneficios inmediatos para el individuo. Por lo tanto, no sé hasta qué punto considerarlo una distopía.

La novela histórica es respetada por el público lector general, y es evidente que la empatía forma parte indispensable en el pacto de ficción. Ahora bien, la ciencia ficción admite la prospección sociocultural del ser humano a lo largo del Espacio y del Tiempo: pasado, presente o futuro, en esta Realidad o en un Universo Paralelo en el que el desarrollo de los acontecimientos han sido diferentes. La ciencia ficción es despreciada y aún hoy en día hay un alto número de lectores que no la consideran literatura. No estoy de acuerdo.

Con esto quiero decir que la ciencia ficción admite y necesita de la empatía y la literatura de un espacio para plantearse cuestiones humanas, para preguntarse ¿qué pasaría sí…?

Y permite que te diga que no hay que irse milenios, siglos o décadas al futuro o al pasado para plantearse este tipo de ejercicios de prospección sociocultural, para escribir un cuento, relato o novela, que en su interior lleve el germen de la duda sobre un sistema de gobierno determinado, evolución conductista en base económica, tecnológica o mística.

Hoy vivimos tiempos interesantes: cuando dejamos de mirarnos la pelusilla del ombligo y nos molestamos en levantar la vista al mundo que nos rodea, podemos encontrar cosas curiosas. Algunas de esas cosas me hacen imaginar un futuro utópico de igualdad, fraternidad y pajaritos cantando en fuentes de miel, pero hay otras que me llevan a pensar en situaciones menos agradables, como televisores que están grabando todo el día lo que ocurre en tu hogar para poder encenderse con sólo desearlo (repito, grabando todo el día lo que pasa en tu casa, lo que haces y dices, interpretando tus deseos sólo para que no tengas que darle al botón de encendido. Y esta magnífica tele-espía-Gran-Hermano hoy es real, colega).

Voy a tomar un ejemplo concreto: Google. ¿Eres cliente de Google? ¿Qué dices? ¿Qué no porque no pagas por ello? De acuerdo, pero estoy seguro de que utilizas Google todos los días. ¿Lo dejamos en sólo usuario?

Tienes razón, Google es gratis. Qué suerte tenemos. Entonces, si Google nos regala sus productos y ni siquiera somos sus clientes, quizás se deba a que en realidad lo que hacemos es trabajar gratis para ellos. Un ejemplo son estas letras que escribo: no es mi intención generar contenido para esta gran compañía pero al final así va a ser.

Te invito a buscar información sobre Google. Averigua a qué se dedica, descubre sus investigaciones sobre la piel (el mayor órgano del cuerpo humano), o bien su práctica de comprar patentes dedicadas a la inteligencia artificial, que investigan con lentillas que controlan la diabetes e incluso que se meten en temas tan variados como producir calentadores de agua. Que son capaces de enviar más de ciento ochenta satélites para ofrecer internet a cualquier rincón del planeta y cartografiar cualquier ciudad.

Hay mucha información, muy sugestiva y que está ocurriendo mientras utilizas Google.

Ya que has mostrado interés hasta aquí, te voy a proponer un juego: un ejercicio de empatía. Escribe un relato en el que el trasfondo social sea importante. Juega con lo diferente, con la cultura o la religión, con la historia, con la tecnología, incluso se puede trastear con la genética y alterar al ser humano para cuestionar dónde acaba la frontera de lo humano.

En fin, diviértete.

Envíame el relato a la dirección de EC.O indicando en el asunto “Relato prospectivo”.

 eco@edicionescivicas.org

Máximo 2000 palabras. Tienes de tiempo hasta finales de este mes. Y si me gusta, te envío un libro de regalo.

¿Eres capaz de hacer algo así?

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